miércoles, 26 de noviembre de 2008
VIDAS PARALELAS, LOS DOS LEONES
Hoy, llegar a tener un título de ingeniero, no es una garantía para conseguir trabajo. Esto le sucedió a nuestro amigo Raúl, que después de muchos sacrificios pudo obtener el ansiado pergamino. Había recorrido, un sin fin de lugares. No lograba conseguir un trabajo. Su desesperación lo llevó a pensar en algún momento, en lo peor. Pero decidió ser tenaz y no claudicar. Fue así que de pronto, vio los toldos de un enorme circo. Se animó a entrar, y luego de golpear sus manos, fue atendido por un encargado. Este, rápidamente le contestó: no hay vacantes. Ya sea por la expresión de angustia que reflejó el rostro de Raúl, o bien una piadosa reacción, animaron al encargado del circo a responder: solamente podría ofrecerte un puesto de equilibrista. Al escuchar ésta oferta, nuestro ingeniero azorado respondió: no tengo la más mínima idea sobre equilibrismo. – No te aflijas - , eso lo resolveremos practicando. Empezaron atando una tensa cuerda de unos 20 mts. De largo, entre dos columnas. Gradualmente, la cuerda que se elevaba a 1 metro del piso ya llegaba a los 3. Eso sí, antes del piso una tupida red protegía una eventual caída. Así fueron escalando , práctica tras práctica hasta que llegó la noche inaugural de la función. Para esa ocasión, la cuerda se colocó a una altura de 10 mts. Aterrado, nuestro ingeniero, no se animaba atravesar la cuerda. Y para colmo de males, miró hacia abajo y la red no estaba colocada. Y para mayor desesperación, vio como un león de aspecto feroz, se paseaba por el piso mirándolo fijamente. Pero su parálisis se desentumeció, cuando escuchó que el león le decía: no te aflijas, yo también soy ingeniero.
MONOLOGO DE UN ADOLESCENTE
Quedé huérfano de padre a los 9 años. A los 12, cuando terminé la primaria, les pregunté a mis dos hermanos mayores, si podía ingresar a la secundaria. Me contestaron que NO. Que el presupuesto de la familia no lo permitía. La pucha, fue como si me hubieran arrojado un balde de agua fría.
Mi inquietud, reclamaba la necesidad de aprender, de conocer caminos distintos a los que estaba recorriendo.
Hoy a los 16, hago trabajos de repartidor de productos varios. Odio mi jardinero azul gastado, zurcido y envidio a los muchachos bien trajeados.
Deseo con ganas poder cambiar. Sé que para lograrlo tendré que rebuscármelas. Ya no me basta con lo que ahorro en la alcancía.
Esta semana voy a asociarme a un club del barrio donde seguramente podré codearme con jóvenes estudiantes. También me interesa seguir aprendiendo a jugar al ajedrez. Voy a ponerme con todo para tratar de conseguir un trabajo que esté mejor pago y juntar lo que sea para mejorar mis pilchas.
Durante la noche voy a seguir con mis cursos de idiomas.
El tiempo dirá si es que podré concretar mis sueños.
Ah!!!!. También está en mis planes formar una hermosa familia y tener tres hijos.
Luis Getzelevich
Mi inquietud, reclamaba la necesidad de aprender, de conocer caminos distintos a los que estaba recorriendo.
Hoy a los 16, hago trabajos de repartidor de productos varios. Odio mi jardinero azul gastado, zurcido y envidio a los muchachos bien trajeados.
Deseo con ganas poder cambiar. Sé que para lograrlo tendré que rebuscármelas. Ya no me basta con lo que ahorro en la alcancía.
Esta semana voy a asociarme a un club del barrio donde seguramente podré codearme con jóvenes estudiantes. También me interesa seguir aprendiendo a jugar al ajedrez. Voy a ponerme con todo para tratar de conseguir un trabajo que esté mejor pago y juntar lo que sea para mejorar mis pilchas.
Durante la noche voy a seguir con mis cursos de idiomas.
El tiempo dirá si es que podré concretar mis sueños.
Ah!!!!. También está en mis planes formar una hermosa familia y tener tres hijos.
Luis Getzelevich
La Colimba
Fue por el año 1950. A Carlos, en el sorteo le tocó el 911. Su destino, según constaba en la citación militar, era la ciudad de Entre Ríos. Su función específica, zapador pontonero. Buscó alguna cuña para quedarse en la capital. Su hermano consiguió una recomendación para los cuarteles de Palermo. Se presentó a un suboficial. Este le pidió su DNI. Al rato volvió y preguntó. Su apellido es Resnik¿. Sí, dijo Carlos. Lamento decirle que no se le acepta, contestó el suboficial. Carlos salió del cuartel muy deprimido. Primero, por haber sentido la segregación en carne propia, luego se imaginó colocando pilotes para levantar puentes, con el barro tapándole las rodillas.
Sin embargo, el destino le tenía preparada una sorpresa. Acostumbraba de vez en cuando ir a jugar al foot-ball al Parque Centenario. Uno de los que participaba en esos picados era sargento.
Cuando se enteró que Carlos tenía que hacer el servicio militar, le dijo que podía acomodarlo en una oficina del Ministerio de Guerra, como dactilógrafo. Primero tuvo que cumplir con la orden cerrada. El cuartel se encontraba por Saavedra. Allí, debía aprender a marchar y reconocer por sus jinetas el grado de sus superiores. Le tocó un grupo de alrededor de 20 colimbas. El que los instruía era un suboficial que tenía la cara de un bull-dog. Mientras les hablaba notó que un soldado bostezaba. De un ladrido lo hizo pasar al frente, y le ordenó que hiciera , salto de rana, cuerpo a tierra, y carrera mar, durante 20 minutos. Al día siguiente, el mismo sargento les seguía explicando cuales eran sus obligaciones. Y…¡Oh! desgracia, sorprendió al soldado Díaz, conversando. Enfurecido lo mandó a pasar 8 días en el calabozo. Cuando volvió para reintegrarse al grupo, le contaron que el sargento había sido exonerado. Un superior se enteró que enviaba todos los días a limpiar su casa a un soldado. El soldado Díaz empezó a cantar la Oda a la Alegría.
Sin embargo, el destino le tenía preparada una sorpresa. Acostumbraba de vez en cuando ir a jugar al foot-ball al Parque Centenario. Uno de los que participaba en esos picados era sargento.
Cuando se enteró que Carlos tenía que hacer el servicio militar, le dijo que podía acomodarlo en una oficina del Ministerio de Guerra, como dactilógrafo. Primero tuvo que cumplir con la orden cerrada. El cuartel se encontraba por Saavedra. Allí, debía aprender a marchar y reconocer por sus jinetas el grado de sus superiores. Le tocó un grupo de alrededor de 20 colimbas. El que los instruía era un suboficial que tenía la cara de un bull-dog. Mientras les hablaba notó que un soldado bostezaba. De un ladrido lo hizo pasar al frente, y le ordenó que hiciera , salto de rana, cuerpo a tierra, y carrera mar, durante 20 minutos. Al día siguiente, el mismo sargento les seguía explicando cuales eran sus obligaciones. Y…¡Oh! desgracia, sorprendió al soldado Díaz, conversando. Enfurecido lo mandó a pasar 8 días en el calabozo. Cuando volvió para reintegrarse al grupo, le contaron que el sargento había sido exonerado. Un superior se enteró que enviaba todos los días a limpiar su casa a un soldado. El soldado Díaz empezó a cantar la Oda a la Alegría.
Luis Getzelevich Abril 29-08
Es posible queridos compañeros, que a la salida de un cine o un teatro los amigos decidan reunirse en un café o bar. Pero todo el que desea intercambiar sus opiniones sobre el espectáculo presenciado, coincidirá en querer reunirse. Por eso deberán estar dispuestos a sacrificar sus tímpanos. Una estampida de voces, ensordecerán sus sentidos. Naturalmente nadie abandonará su trinchera. Pero como se sabe, no hay mal que por bien no venga. Cuenta la leyenda, que encontrándose el famoso compositor Rimsky Korsakof, en una de esas reuniones, se inspiró y compuso su hoy famoso “Vuelo del Moscardón”. Pueden uds. creer esta historia o bien desecharla, lo cual es comprensible. En cuanto a la elección del lugar donde reunirse, es aconsejable ir a un café literario o ir turnándose en cada una de sus casas. Se obtendrá así una solución equitativa. Puede ser útil, interesarse en el argumento del espectáculo a presenciar. Formarse una previa noción del tema a tratarse nos dará mayor seguridad. Convendría entonces, buscar las fuentes más responsables para pisar en falso. Es también aconsejable no ponerse nervioso, al exponer nuestros conocimientos. Se podría también elogiar a cada uno de los presentes, por su interés en dar su opinión acertada o no, pero al fin honesta. No siempre funciona, pero lo cortés no quita lo valiente.
Es posible queridos compañeros, que a la salida de un cine o un teatro los amigos decidan reunirse en un café o bar. Pero todo el que desea intercambiar sus opiniones sobre el espectáculo presenciado, coincidirá en querer reunirse. Por eso deberán estar dispuestos a sacrificar sus tímpanos. Una estampida de voces, ensordecerán sus sentidos. Naturalmente nadie abandonará su trinchera. Pero como se sabe, no hay mal que por bien no venga. Cuenta la leyenda, que encontrándose el famoso compositor Rimsky Korsakof, en una de esas reuniones, se inspiró y compuso su hoy famoso “Vuelo del Moscardón”. Pueden uds. creer esta historia o bien desecharla, lo cual es comprensible. En cuanto a la elección del lugar donde reunirse, es aconsejable ir a un café literario o ir turnándose en cada una de sus casas. Se obtendrá así una solución equitativa. Puede ser útil, interesarse en el argumento del espectáculo a presenciar. Formarse una previa noción del tema a tratarse nos dará mayor seguridad. Convendría entonces, buscar las fuentes más responsables para pisar en falso. Es también aconsejable no ponerse nervioso, al exponer nuestros conocimientos. Se podría también elogiar a cada uno de los presentes, por su interés en dar su opinión acertada o no, pero al fin honesta. No siempre funciona, pero lo cortés no quita lo valiente.
Era maestra de puntero muy severa, pero enseñaba bien en una escuela a la que concurrían chicos de clase media para abajo no muy bien dotados.
Nuestra escuelita estaba ubicada en la periferia del Gran Bs. As. Su frente estaba construido con ladrillos cubiertos, en gran parte, con gruesos revoques. Trabajo realizado seguramente, por algún albañil de cuarta. Su aspecto me recuerda al Muro de los Lamentos. Sus aulas, eran la continuación de esa lamentable entrada. Las ventanas, el cielorraso, los bancos de madera, delataban el abandono. Los cortaplumas de los escolares, habían encontrado en los bancos, un lienzo para dejar sus obras.
Los alumnos proveníamos de hogares muy humildes. La mayoría no contábamos con los libros ni cuadernos indispensables.
Hablemos de la maestra, su nombre, Dulcinea Sanchez. Manejaba el puntero con tanta habilidad, que en nada envidiaba al mismo D·artagnan. Sus lugares de preferencia eran las nalgas, y las puntas de los dedos. Doña Dulcinea, como la llamábamos sus alumnos, no tenía nada de dulce. Sus ojos, enmarcados por profundas ojeras, tenían un color negro azabache. Su mirada severa, lanzaba como destellos de dardos encendidos, que nos atravesaban. Su mentón puntiagudo, semejaba una ballesta. Tal era como la veían nuestros ojos, influenciados por el miedo que nos inspiraba.
Separando los tantos, debo reconocer su constante vocación , en seguir explicándonos, las veces que hicieran falta, aquellos temas que no entendíamos. Su amor por la enseñanza se reflejaba, en la paciencia que mostraba, al repetir lo que no comprendíamos. Hoy, pasadas varias décadas de ese recuerdo, dimensiono y valoro, ese trabajo tan duro que es, impartir educación a los niños.
GETZELEVICH LUIS 28-06-08
Nuestra escuelita estaba ubicada en la periferia del Gran Bs. As. Su frente estaba construido con ladrillos cubiertos, en gran parte, con gruesos revoques. Trabajo realizado seguramente, por algún albañil de cuarta. Su aspecto me recuerda al Muro de los Lamentos. Sus aulas, eran la continuación de esa lamentable entrada. Las ventanas, el cielorraso, los bancos de madera, delataban el abandono. Los cortaplumas de los escolares, habían encontrado en los bancos, un lienzo para dejar sus obras.
Los alumnos proveníamos de hogares muy humildes. La mayoría no contábamos con los libros ni cuadernos indispensables.
Hablemos de la maestra, su nombre, Dulcinea Sanchez. Manejaba el puntero con tanta habilidad, que en nada envidiaba al mismo D·artagnan. Sus lugares de preferencia eran las nalgas, y las puntas de los dedos. Doña Dulcinea, como la llamábamos sus alumnos, no tenía nada de dulce. Sus ojos, enmarcados por profundas ojeras, tenían un color negro azabache. Su mirada severa, lanzaba como destellos de dardos encendidos, que nos atravesaban. Su mentón puntiagudo, semejaba una ballesta. Tal era como la veían nuestros ojos, influenciados por el miedo que nos inspiraba.
Separando los tantos, debo reconocer su constante vocación , en seguir explicándonos, las veces que hicieran falta, aquellos temas que no entendíamos. Su amor por la enseñanza se reflejaba, en la paciencia que mostraba, al repetir lo que no comprendíamos. Hoy, pasadas varias décadas de ese recuerdo, dimensiono y valoro, ese trabajo tan duro que es, impartir educación a los niños.
GETZELEVICH LUIS 28-06-08
EL QUE TOMA MATE, VUELVE
Debo confesar que el enunciado del tema, que nuestro profesor nos propuso para desarrollar me ha desconcertado. Me propuse buscar un hilo que me conduzca hacia la revelación de cuál puede ser la clave. para resolver éste enigma y no lo encuentro. ¿ Habrá una fórmula posible? No bajo los brazos y trato de abrir mi cabeza. PIENSO, luego digo; si el que toma mate, luego vuelve a tomarlo porque le gusta. Deduzco que debe tener relación directa con los alumnos que asistimos desde hace tres años a éste curso. Y si el “ mate” no me falla, creo que mis compañeros estarán de acuerdo. Volvemos cada lunes a disfrutar de estos encuentros sabrosos y nutritivos que nos hacen renovar semana tras semana nuestro deseo de encontrarnos con la literatura y animarnos, a nosotros mismos, a crear con palabras.
Hoy lunes, mientas mi señora me ceba el último mate, salgo para el ROJAS.
Luis Getzelevich- 09-07-08
Hoy lunes, mientas mi señora me ceba el último mate, salgo para el ROJAS.
Luis Getzelevich- 09-07-08
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